jueves, 25 de febrero de 2010

# 11. Grandes empresas, grandes contaminadoras.

Nunca nos hemos puesto a calcular la cantidad de gases tóxicos que emiten muchas de las grandes empresas productoras. Para nosotros, tan sólo son grandes masas de humo que salen de las chimeneas de las industrias y de las cuales nos quejamos. Pero, ¿hacemos realmente algo para evitarlas? ¿Para ayudar a reducirlas?

La verdad es que no. Son muy pocas las personas que luchan contra el cambio climático. Y es que, la gran parte de la sociedad, aunque sabemos que la contaminación acabará con el medio ambiente, somos personas puramente consumistas, es decir, demandamos cada vez mayor cantidad de productos. Esto tiene una consecuencia clara: el crecimiento continuado de las industrias productoras, y con ello, de la contaminación.

Según un estudio encargado por las Naciones Unidas, el coste total de la contaminación que desprenden muchas de las mayores empresas del mundo ascendería (y superaría) los 2.2 billones de dólares al año, una cifra impactante en la actualidad, debido a la situación de crisis económica y financiera en la que se encuentra la sociedad. Pero esto no es lo peor de todo, ya que según un estudio de la consultoría Trucost, los daños medio ambientales de esas compañías equivaldrían a un 7% de su producción total, es decir, a un tercio de sus beneficios. Entonces, ¿creéis que a las grandes empresas les puede importar su aportación negativa al medio ambiente con la recolección de esos elevados beneficios?

Desde el año 2008, estos daños han superado en valor al de la mayor parte de las economías nacionales de todos los países del mundo, lo que demuestra que para las empresas el medio ambiente no es una de sus prioridades.

Uno de los mayores causantes de la degradación del medio ambiente es la emisión de gases de efecto invernadero, el cual representa más del 50% del total de los daños. Entre los sectores más dañinos destacan las compañías de servicios, como por ejemplo las proveedoras de gas, de electricidad o de agua. Además de estas, los sectores con mayor impacto negativo en el medio ambiente son la minería, la explotación forestal y la químico-farmacéutica.

En el caso de los productores de bienes de consumo, sobre todo bebidas y alimentos, el daño principal viene de su uso exagerado de las reservas de agua, seguido de los gases invernadero y la contaminación por el uso de fertilizantes y pesticidas.

Es cierto que cada vez hay una mayor concienciación sobre el tema por parte tanto de las empresas como por parte de los consumidores, pero a la hora de tomar parte en el asunto se reduce el número de implicados. ¿Por qué nadie actúa? ¿Por qué si todos sabemos que la producción de bienes y servicios es uno de los mayores procesos de contaminación no dejamos o controlamos nuestro consumo? Y es que como critica el señor Richard Martison, director de Trucost: "Los mercados dirán que las compañías terminarán adaptándose. Pero no es sostenible la posición de que vamos a hacer de momento la vista gorda y esperar a que los gobiernos se ocupen de ello".


¿Qué papel tienen o pueden tener los medios en esa toma de conciencia sobre el problema?¿Verdaderamente existe un interés real por generar conciencia social?
¿Es justo sentenciar que sólo empresas y gobiernos los culpables de esta contaminación?¿Por qué tenemos esta visión generalizada?¿Por qué parece que olvidamos nuestras responsabilidades como ciudadanos a la hora de criticar esta situación?

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sábado, 13 de febrero de 2010

# 10. Al futuro en coche, eléctrico.

El 01 de enero de 2010 nuestro país asumía la presidencia de turno de la Unión Europea, gobierno que se extenderá a lo largo de este primer semestre y cuyo programa político gira en torno a cuatro ejes básicos: la aplicación fiel y decidida del Tratado de Lisboa, el impulso a la coordinación de las políticas económicas para favorecer así la salida de la crisis, el refuerzo del papel de la Unión como actor político dentro de la globalización, y la promoción de iniciativas que refuercen y garanticen los derechos de los ciudadanos europeos. 

Como parte de los numerosos actos y de más eventos programados en la agenda, los pasados días 7, 8 y 9 de febrero se celebraba en Kursaal, Palacio de Congresos de San Sebastián, una Reunión Informal de Ministros de la Competitividad, a la que acudieron, junto al comisario europeo de Empresa e Industria, ministros de Bélgica, Francia, Holanda, Hungría, Italia, Lituania, Reino Unido y, por supuesto, España, mientras que el resto de delegaciones enviaron a representantes de menor rango.

El tema del Consejo estuvo centrado en la defensa del importante papel que ha de jugar la ciencia en la recuperación y crecimiento económico, con impulsos decididos a temas como la puesta en marcha definitiva del Espacio Europeo de Investigación, o el desarrollo definitivo del coche eléctrico, y la necesidad de ser Europa quien lo lidere.

Es precisamente este último punto el que atrae nuestra atención por encajar en la línea de nuestro blog y por resultar una apuesta cuanto menos interesante.

Nuestro ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, presentó el green car como una gran oportunidad industrial, económica, medioambiental, energética y tecnológica para Europa. El político asegura que este será bueno para el bolsillo de los ciudadanos y para la renta y el empleo de los países, además de ser un referente en innovación, una ayuda clara en la lucha contra el cambio climático y un atenuante de la dependencia petrolífera de nuestra zona. Defendió la necesidad de que sea Europa el motor de su desarrollo, para lo cual se hace imprescindible el establecimiento de una estrategia común y coordinada entre los países que estén dispuestos a ello con tal de fomentar su fabricación, estimular su demanda entre los usuarios a través de ayudas a la compra o descuentos en la tasa de matriculación, realizar compras públicas, o la creación y armonización de puntos de recarga, factor individualmente importante.

No obstante, también existen inconvenientes que podrían dificultar su desarrollo, que aunque aparentemente sean menores que las ventajas que presenta, podrían pesar de forma considerable, especialmente en el contexto de la demanda. El encarecimiento del precio de los vehículos por la carestía de las baterías de litio, entre 6000 y 16000 € por encima del precio de un modelo convencional, la inexistencia de una red para poder sustituir dichas baterías, compuesta por las que han denominado “electrolineras”, o los límites energéticos frente a las necesidades de recarga que supondría el uso de este tipo de vehículos y que presentan países como el nuestro, pueden convertirse en obstáculos difícilmente combatibles, además de suponer un importante freno a una posible comercialización generalizada.

Sin embargo, importantes voces ajenas al ámbito político, como la del presidente de Iberdrola, defienden y apoyan este proyecto de futuro. Ignacio Sánchez Galán, a pesar de ratificar la actual incapacidad de nuestro sistema eléctrico para asumir con normalidad las el nivel de recarga que supondría la existencia de unos 10 millones de coches eléctricos en nuestro país, garantizó por otro lado que los empresarios del sector están dispuestos a hacer las inversiones necesarios con tal de hacer del proyecto una realidad. Además puntualizó que el vehículo eléctrico puede jugar un papel esencial dentro de la política energética comunitaria, puesto que puede contribuir a alcanzar los objetivos fijados por la Comisión Europea para 2020: reducción de emisiones en un 20%, 20% de generación eléctrica renovable e incremento de la eficiencia en otro 20%.

En definitiva, creemos que es con iniciativas como estas con las que se conseguirá, lenta y progresivamente, ir modificando los parámetros establecidos e impulsar una mejora real de la innegable desastrosa situación medioambiental en la que nos vemos inmersos, con proyectos factibles y no con promesas en papel es como se consiguen los cambios. Pero…

¿Estamos realmente preparados para enfrascarnos en un proyecto de tales magnitudes?
¿Es el mejor momento para hacerlo?¿Es un camino seguro en la huída de la crisis?
¿Es realmente viable el desarrollo de este tipo de vehículos?
¿Veis posibilidades de éxito entre los usuarios?
¿Consideráis que la inversión en innovación y desarrollo de nuevas tecnologías ha de tener un papel protagonista dentro del impulso a la economía, o por el contrario pensáis que en estos momentos tendría que relegarse a un segundo plano?
¿Creéis que se trata de una apuesta segura o un ejemplo más de buena voluntad medioambiental?

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Vídeo de la noticia
Página oficial de la Presidencia Española de la UE
Otras noticias relacionadas
http://www.intereconomia.com/noticias-negocios/mercados-y-valores/claves/coche-electrico-solucion-crisis

miércoles, 3 de febrero de 2010

# 09. Adif.

ADIF es el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias en nuestro país, entidad pública empresarial dependiente del Ministerio de Fomento, y principal dinamizadora del sector ferroviario.

Como buena parte del mundo empresarial hoy en día, Adif trabaja de forma activa su Responsabilidad Social Corporativa con tal de desarrollar, tal y como se apunta desde la organización, un compromiso real y contrastable con la cohesión social, el respeto al medio ambiente, la ética y la transparencia, en base al diálogo y la gestión de las preocupaciones de sus principales grupos de interés.

En relación con el tema protagonista de nuestro pequeño espacio en Internet, es básicamente su línea de actuación medioambiental la que más nos interesa. Esta se encuentra plenamente integrada en la Misión que definió la Entidad con su Plan Estratégico 2006-2010, equiparándola a temas clave como la seguridad y la calidad, y fijando así su acción en base a dos puntos clave: el aseguramiento del cumplimiento legal, acorde a la cambiante y progresivamente cada vez más exigente legislación medioambiental; y el incremento de la ecoeficiencia, basada en la obtención de mejoras por encima de lo exigido en dicha legislación, ofrecidas como un plus a la sociedad.

Las actuaciones concretas en este ámbito quedan recogidas en el Procedimiento General de Gestión y Coordinación de Actividades Ambientales aprobado por el Comité de la entidad en febrero de 2007, destacando por su relevancia tres:

Declaraciones de Impacto Ambiental
Esta actuación se asegura de que se cumplan las condiciones establecidas en las declaraciones de Impacto Ambiental del Ministerio de Medio Ambiente sobre los Estudios Informativos de las nuevas infraestructuras, desarrollados por el Ministerio de Fomento. A esta labor se dedican importantes recursos económicos y humanos tanto en las áreas operativas como a nivel corporativo, responsable en última instancia del cumplimiento de esta ante el Ministerio de Medio Ambiente.

Legislación sobre ruido
Se encarga del cumplimiento de la legislación sobre ruido desarrollada en 2005 y 2007, la cual ha sido delegada parcialmente en ADIF. Básicamente se han efectuado los mapas estratégicos de ruido de aquellos grandes ejes ferroviarios que superan los 60.000 trenes anuales y la elaboración de los correspondientes planes de acción en materia de mejora acústica.

Legislación sobre contaminantes del suelo
Esta actuación se encarga del cumplimiento de la legislación sobre actividades potencialmente contaminantes, el llamado Plan de Descontaminación, el cual será vigente hasta el año 2012. Dicho plan está fundamentado en los trabajos desarrollados en 2006 y 2007 al amparo del convenio Adif-Emgrisa de diciembre de 2005, y que también supone la dedicación de notables recursos económicos.

Sin embargo, todo esto forma parte básicamente de la esfera empresarial de la entidad. Lo que a nosotras nos ha parecido realmente interesante es la esfera de ocio y cultura con la que Adif pretende envolver al espacio ferroviario, desarrollando proyectos como las “estaciones verdes”. Este calificativo designa a todas aquellas estaciones aún en servicio que se hallan cercanas a espacios naturales, lo que permite que se establezcan como puntos estratégicos desde los que acceder a esos parajes privilegiados de una forma ecológica, evidentemente, a través del ferrocarril. Pues bien, Adif edita desde 1995, en colaboración con otras entidades ferroviarias, una Guía de Estaciones Verdes en la que actualmente se hallan recogidas 51 estaciones repartidas en 15 Comunidades Autónomas, y en la que podemos encontrar, en relación a cada una de ellas, información como: los valores naturales, los monumentos del hombre, direcciones de interés, referencias a la cartografía de detalle y propuestas y descripción de rutas.

Otros proyectos dentro de este apartado son: el programa “Estación Abierta”, fotografía ferroviaria, estaciones históricas, vías verdes, etc.


¿Creéis que ADIF realmente está consiguiendo hacer de las infraestructuras ferroviarias un espacio solidario con el medio?¿Estabais enterados de alguna de las medidas comentadas?
¿Debería ser la Responsabilidad Social Corporativa un tema de obligado desarrollo para las entidades públicas?
¿Pensáis que es necesario crear medidas que regulen el cumplimiento de las actuaciones en tema de responsabilidad medioambiental, aún cuando nazcan de la propia voluntad de la empresa?¿Deberían estar supervisadas sus ‘promesas’?

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